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En otra octava


En otra octava plantea un cambio de materia y de escala en la obra de Isabel Pan de Soraluce. Frente a las piezas de gran formato talladas en madera, que han caracterizado buena parte de su trayectoria, la artista presenta ahora un repertorio de módulos de resina epoxi coloreada. El título alude a este desplazamiento: una misma investigación sobre la vibración del color se desarrolla en otro registro, a través de la transparencia, la luz y la posibilidad de combinar las formas.

El cubo constituye la unidad básica de este nuevo repertorio. En sus combinaciones resuena el Módulo HELE del arquitecto Rafael Leoz, como memoria de unas formas capaces de crecer y construir espacio. Pan de Soraluce despliega esa posibilidad mediante prismas, arcos y volúmenes perforados, atravesados por el color y la luz. Cada agrupación sugiere una arquitectura de escala incierta: un objeto, un edificio o el fragmento de una ciudad imaginaria.

El color forma parte de la estructura de estos conjuntos. Amarillos, rosas, turquesas y verdes alternan con cuerpos oscuros y superficies lechosas. Algunas piezas permiten ver a través de ellas; otras filtran la luz o interrumpen la mirada. Estas diferencias generan ritmos y modifican la percepción del peso y la profundidad. La vibración cromática surge de la relación entre los módulos y se transforma a medida que la mirada los recorre.

Dispuestas en el espacio, las esculturas pueden leerse como cartografías imaginarias. Los intervalos entre ellas adquieren la presencia de plazas, calles o territorios aún por ocupar. De esta geografía de cuerpos translúcidos emerge la imagen de una ciudad astral, en la que el color establece afinidades y distancias. La pintura comparte este vocabulario de geometrías y vacíos, y permite observar cómo una forma se transforma al pasar de la superficie al volumen.

La exposición ofrece también la posibilidad de adquirir piezas individuales y elaborar con ellas nuevas composiciones. Cada módulo conserva su autonomía y, al mismo tiempo, puede integrarse en una construcción distinta de la propuesta inicialmente por la artista. Esta apertura introduce una dimensión de juego y elección personal: reunir colores, ensayar equilibrios, imaginar un lugar propio.

«No hay una única manera», escribe Isabel. La precisión de las formas convive aquí con la libertad de disponerlas. Cada conjunto constituye una configuración posible de una obra abierta a ser pensada de nuevo.

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27 de junio

Red — Emejota Mínguez